Los hipopótamos de Guinea Bissau

La idiotez parece no tener límites. Y la poca vergüenza tampoco. Es lo que pensé cuando leí la noticia de que la ex ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, había repartido nada menos que 63,5 millones de euros entre sus ONGs favoritas, justo al día siguiente de que el gobierno socialista perdiera las elecciones, es decir, el pasado día 21 de noviembre.

 

Aunque repugna a la inteligencia y es un insulto a todos los españoles que pagamos nuestros impuestos, vale la pena leer los programas premiados con la dádiva del dinero público.

 

Entre otros muchos, cabe destacar una partida de 293.889 euros destinada a la «mejora de la producción agrícola de las regiones de Cacheu, Bissora y Carantab, mediante la resolución de conflictos con los hipopótamos, en Guinea-Bissau»; los 219.573 euros del programa de “implementación del currículo de educación maya bilingüe intercultural”; los 316.904 euros del programa “contribución al ejercicio de los Derechos Sexuales y reproductivos de las mujeres de Mali”; los 100.000 euros a la Red Iberoamericana de festivales de cine lésbico, gay, bisexual y transexual; o los 282.786 euros a Emisoras de radio con enfoque de género en Camboya.

 

Así se malgastaron millones de euros en cuestiones de lo más variopintas e inverosímiles. Nunca hubiera podido imaginar que a los españoles nos preocuparan tanto los hipopótamos de Guinea Bissau para concederles una ayuda de casi 300.000 euros. Y nunca imaginé tampoco que los socialistas tuvieran tanto interés en el bilingüismo y menos con la educación maya bilingüe. Lo que descubre uno.

 

Ciertamente, el despilfarro enloquecido de estos últimos años pone los pelos de punta. Pero no es de extrañar que haya ocurrido esto, cuando la que fuera ministra de cultura, Carmen Calvo, decía que el dinero público no era de nadie. Y, claro, como no es de nadie, pues, a gastarlo y a despilfarrarlo en sandeces.

 

Pero lo de gastar a espuertas, sin importar como se paga, es una actitud genética en la izquierda. Un simple dato: el déficit público, o sea, la diferencia entre lo ingresado y lo gastado, fue en el año 2011 en España de 90.000 millones de euros. Una auténtica barbaridad. Una cifra astronómica que demuestra la irresponsabilidad de quienes nos gobernaron. Pero es que, además, viendo en que se gastaba el dinero de los ciudadanos produce todavía una mayor indignación.

 

Y ahora, con un cinismo infinito, los mismos que malgastaron el dinero en tonterías, ahora son los que critican que se tengan que hacer duros ajustes en la administración pública. Unos ajustes, por otra parte, imprescindibles para poner orden al caos heredado. Sin duda, el paso de la izquierda por los distintos gobiernos ha sido letal, pero lo peor es que ahora, cogiendo las pancartas, los pitos y los megáfonos, sean los que creen crispación y violencia en las calles exigiendo solucionar el desaguisado que ellos mismos han provocado. ¡Qué poca vergüenza!

 

Antoni Camps Casasnovas

Diputat autonòmic del Grup Parlamentari Popular

 

 

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